El Mundial terminó y a centenares que trabajaron en la Última Milla del Estadio CDMX los dejan sin pago
Nacional | 30 de Julio de 2026
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Mientras millones de aficionados celebraban cada gol y llenaban las tribunas durante la Copa Mundial de la FIFA 2026 en México, cientos de trabajadores hacían posible la operación en los restaurantes, cocinas y zonas de hospitalidad instaladas en los estadios. Cocineros, supervisores, personal de limpieza, lavalozas, meseros y encargados de logística trabajaban durante jornadas que comenzaban horas antes del silbatazo inicial y terminaban cuando los últimos asistentes abandonaban el inmueble.
Semanas después de finalizar el torneo en el país, varios de esos trabajadores aseguran que la experiencia terminó marcada por una situación muy distinta a la que imaginaron al recibir pagos incompletos o pendientes, cambios constantes en sus funciones, gastos que tuvieron que cubrir de su propio bolsillo y una incertidumbre que, afirman, continúa hasta hoy.
De acuerdo con los testimonios recabados por La Crónica de Hoy, los afectados fueron contratados por Premier Staff, empresa que, según la información proporcionada por los entrevistados, fue subcontratada por Potel et Chabot, firma francesa encargada de los servicios de hospitalidad durante la justa mundialista.
Los trabajadores estiman que más de 150 personas en Ciudad de México siguen sin recibir la totalidad del dinero correspondiente a las jornadas laboradas.
Para muchos, la oportunidad representaba mucho más que un empleo temporal.
Antonio Astilleros viajó más de 40 horas en autobús para incorporarse al equipo. Residente permanente en México, decidió aceptar la oferta porque veía en ella una oportunidad de crecimiento profesional y de participar en uno de los eventos deportivos más importantes del mundo.
“Queríamos formar parte del Mundial. No buscamos desprestigiar el evento; solo queremos que se cumpla con lo que nos prometieron”, aseguró Astilleros.
Yehú Zaldívar tomó la decisión por otra razón. Es propietario de un pequeño bistró ubicado cerca del Estadio Ciudad de México y durante el torneo las ventas de su negocio cayeron aproximadamente 80 por ciento debido a los cierres viales implementados alrededor del inmueble.
“Pensé que ese ingreso iba a ayudarme a sostener tanto a mi familia como a mi negocio”, expresó Zaldívar.
En cambio, Sebastián Cruz encontró la vacante a través de redes sociales. Esperaba desempeñarse como portero en el área de restaurantes, recibiendo a los asistentes. Emilio Castillo aceptó una oferta para laborar como supervisor de logística y bebidas. Ambos terminarían realizando diferentes tareas.
El reclutamiento que dejó dudas
Los entrevistados coinciden en que el proceso de contratación fue poco convencional.
Algunos fueron entrevistados por medio de videollamada, otros contaron que nunca hablaron con un reclutador y únicamente llenaron formularios en línea antes de recibir la confirmación de que habían sido aceptados.
Varios señalan que nunca firmaron un contrato físico o digital y que toda la información sobre horarios, cambios de turno y avisos se realizaban en la aplicación Ubeya.
Yehú recordó que llegó a dudar de la autenticidad de la oferta.
“La página se veía de muy mala calidad. Pensé que podía ser una estafa para robar datos”, relató.
Las dudas desaparecieron cuando comenzaron las acreditaciones y recibieron credenciales para ingresar a las instalaciones donde operarían los servicios de hospitalidad.

Acreditación
Mucho más que el puesto prometido
A pesar de que cada trabajador fue seleccionado para un cargo específico, los testimonios describen una constante: las funciones cambiaban según las necesidades del momento.
Sebastián fue aceptado como portero, pero terminó apoyando en limpieza y cocina.
Antonio, quien debía desempeñarse en cocina, mencionó que también descargó camiones, trasladó garrafones de agua, movió cajas, auxilió como mesero, instaló carpas y realizó tareas de mantenimiento.
Emilio resaltó que pasó de una vacante en logística y bebidas a llevar a cabo labores de limpieza y apoyo en cocina.
Los entrevistados precisaron que estas reasignaciones eran frecuentes y respondían a la urgencia de cubrir distintas áreas dentro de la operación del evento.
Jornadas largas y una organización cuestionable
Los días de partido eran los más exigentes.
Raúl Neri expuso que el personal era citado horas antes del inicio de cada encuentro deportivo y que, en ocasiones, la jornada incluía hasta 5 horas después del silbatazo final.
Uno de los momentos que más tiene presente ocurrió en el transcurso del partido de la Selección de Colombia.
“Éramos más de 70 personas esperando bajo la lluvia. Solo nos decían que era una indicación de la FIFA”, declaró Neri.
Emilio comentó haber trabajado jornadas de hasta 14 horas.
Pese al desgaste físico, las personas entrevistadas confirmaron que el principal problema no era la carga laboral, sino la organización.
Sebastián explicó que existía poca claridad sobre las responsabilidades de cada puesto, mientras que Marcela Medina aseveró que, a veces, los trabajadores acudían al estadio para posteriormente ser enviados de regreso sin realizar actividades.
Las personas entrevistadas recalcaron que les habían prometido que esas jornadas serían cubiertas económicamente. Después, la empresa informó que únicamente pagaría los días efectivamente trabajados.
Trabajar también significó gastar
Aceptar el empleo implicó desembolsos que varios trabajadores no tenían previstos.
Yehú puntualizó que compró dos filipinas, un pantalón y zapatos de cocina para cumplir con el código de vestimenta, con un gasto cercano a los 4 mil 500 pesos.
Antonio calcula haber invertido alrededor de 2 mil 500 pesos en ropa y botas antiderrapantes.
Emilio, por su parte, enfatizó que los gastos de transporte se incrementaron debido a los cierres viales cercanos al estadio.
“Hubo un día en que pagué 745 pesos de taxi porque ya era muy tarde y no había otra forma de salir”, contó Castillo.
Las personas entrevistadas reiteraron que esos gastos nunca fueron reembolsados.
El dinero que nunca llegó
Los trabajadores explicaron que los pagos se realizaban por medio de transferencias bancarias los días 5 y 20 de cada mes.
Al respecto, Sebastián relató que algunos compañeros nunca recibieron el primer pago y otros continúan esperando depósitos correspondientes a julio.
Marcela sostuvo que, conforme aumentaban las quejas, las explicaciones también cambiaban.
“Nos decían que eran problemas con el banco, después que había una auditoría. Pasaban los días y el dinero no llegaba” manifestó Medina.
En medio de las inconformidades, los trabajadores fueron notificados con un nuevo comunicado dirigido a los capitanes de equipo, en el que se informó de manera “extra oficial” que girarían los pagos correspondientes al último payroll y algunas aclaraciones pendientes del segundo periodo de pago. El mensaje resaltaba que la expectativa era concluir el proceso durante esta semana.
En relación con lo anterior, los participantes consultados por La Crónica de Hoy enteraron que este tipo de comunicados se han enviado de manera recurrente durante las últimas semanas, sin que hasta ahora se traduzcan en acciones concretas o en la liquidación total de los adeudos pendientes.
En el mismo mensaje, la empresa atribuyó parte del retraso a una revisión de reclamaciones, al destacar que algunos trabajadores habrían solicitado pagos por días que no fueron laborados, situación que, según ilustró, obligó a revisar nuevamente la información. Los empleados afectados describieron que estas explicaciones no han resuelto la incertidumbre sobre los montos que aún esperan percibir.
Antonio expresó que solamente recibió un depósito parcial y que todavía le adeudan más de 15 mil pesos.
Raúl atestiguó que en su caso el monto pendiente ronda los 24 mil pesos.
Marcela estimó que aún le deben 5 jornadas de trabajo, equivales a 6 mil 700 pesos.
Los entrevistados revelaron que algunos registros de turnos empezaron a desaparecer de la plataforma utilizada para administrar las jornadas laborales.

Eliminación de registros
El adeudo cambia la vida cotidiana
Las consecuencias del retraso en los pagos fueron desemejantes para cada trabajador.
Marcela, quien padece hipertensión, gastritis y colitis, precisó que tuvo que pedir dinero prestado para comprar sus medicamentos.
Yehú narró que el dinero que esperaba obtener estaba destinado al pago de la renta de su negocio, servicios y un préstamo anteriormente adquirido.
“He tenido que pedir dinero y ahora debo más de lo que gané”, lamentó Zaldívar.
Los entrevistados afirmaron que dejaron empleos para incorporarse al proyecto del Mundial o viajaron desde otros lugares con la expectativa de recibir una remuneración puntual.
De la incertidumbre a la organización
Con el paso de las semanas, diversos trabajadores iniciaron los intercambios de información sobre los pagos pendientes.
Conforme a los testimonios, algunos ya buscan asesoría jurídica para conocer las acciones legales que podrían emprender con el objetivo de reclamar los montos que consideran adeudados.
Los entrevistados recalcaron que su intención no es desacreditar la organización de la justa mundialista ni la experiencia que significó participar en un evento de esa magnitud.
“Ha sido la mejor experiencia laboral de mi vida, exceptuando los problemas administrativos”, resumió Raúl.
Para muchos, el orgullo de haber formado parte de una Copa del Mundo permanece intacto.
Después de todo, aún esperan que permanezca el compromiso de pagar el trabajo que hizo posible esa experiencia. Fuente; Crónica